El refranero mexicano, como lo he
mostrado en otra parte,[1] ha ido conformando su caudal ya con material
tradicional,[2] ya con material acuñado sobre la marcha en los moldes
de la tradición paremiológica. Un refranero,
en efecto, sanciona las cosas que más importan a una
comunidad. Por su carácter popular, un refranero es
como una lengua cuyo léxico refleja los intereses de
un pueblo. La manera como el refranero lo hace, es
acuñando textos que emiten la opinión del
grupo en torno a una situación que tiene importancia
para el grupo humano. Así como en una lengua
sólo se crean vocablos sobre los objetos o aspectos
de la realidad extralingüística que interesa,
así un refranero sólo crea, acepta y conserva
refranes relativos a situaciones que tengan algún
interés para el grupo humano.
Para la creación de un
refrán nuevo, se toman los moldes
paremiológicos tradicionales. Sucede exactamente como
con los neologismos: se utiliza la capacidad del propio
sistema para incorporar nuevos vocablos que, por lo mismo,
se atienen a las reglas vigentes en el sistema
lingüístico. Un refranero es, dentro de una
lengua, como un magno sistema que determina, modela,
sanciona y regula la creación de nuevos
refranes.
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Uno de los problemas sociales
novohispanos que dejaron su huella en el refranero mexicano
fue, como no, el de los conflictos étnicos. Ello
motivó la creación de una serie de refranes
sobre el asunto. Como bien se sabe, el refranero novohispano
evolucionó al ritmo de la conciencia nacional:
mientras en los siglos XVI y XVII la gran mayoría de
los refranes que funcionaban en el habla novohispana
provenían del acervo español, durante el siglo
XVIII emergieron una serie de refranes nativos al calor de
la problemática cotidiana. Una parte de los refranes
de que aquí nos ocupamos, formaban parte de un
refranero novohispano prácticamente aún no
estudiado; otra parte de ellos fueron acuñados en el
siglo XIX y se conservan como un documento de la guerra de
castas. Todos ellos tienen como denominador común un
sustrato de pugnas interétnicas. He aquí
nuestro pequeño cuerpo de refranes:
A barbas de indio, navaja de
criollo.
Al español, puerta franca; al gachupín, pon
la tranca.
¡Ay, Chihuahua, cuánto apache, cuánto
indio sin huarache!
Cuando el indio encanece, el español no
aparece.
Español que deja España y que a
México se viene, cuenta le tiene.
Está como verdolaga en huerto de indio.
Indio con puro, ateo seguro.
Indio, pájaro y conejo, en tu casa, ni aun de
viejo.
Indio que suspira no llega bien a su tierra.
Indio que mucho te ofrece indio que nada merece.
Indio que quiere ser criollo al hoyo.
Indio que va a la ciudad vuelve criollo a su heredad.
Indio que fuma puro ladrón seguro.
Indios y burros, todos son unos.
La pujanza del dinero hace el indio barrigón.
Más seguro, más marrao, dijo el indio.
Naturales son los indios.
No hay que darle la razón al indio aunque la
tenga.
No hay indio que haga tres tareas seguidas.
No te fies de indio barbón, ni de gachupín
lampiño, de mujer que hable como hombre, ni hombre
que hable como niño.
No tiene la culpa el indio sino que el que lo hace
compadre.
Pa' que sepas lo que es amar a Dios en tierra de
indios.
Para un burro, un indio; para un indio, un fraile.
Para el caballero, caballo; para el mulato, mula, y para
el indio, burro.
Pareces burro de indios, que hasta los tamales te
cargan.
Pendejos los indios que hasta para miar se encueran.
Si es indio, ya se murió; si es español ya
corrió.
Tanto dura un indio en un pueblo, hasta que lo hacen
alcalde.
Ya ese indio perdió el chimal.
Ya se acabaron los indios que tiraban con tamales.
EL INDIO VISTO POR CRIOLLOS Y
ESPAÑOLES
Se pueden distinguir en este refranero
al menos tres grupos de refranes que corresponden a otras
tantas situaciones distintas. Un primer grupo está
constituido por refranes que tratan de indios desde el punto
de vista sea criollo, sea español: "indios y burros,
todos son unos"; "no hay indio que haga tres tareas
seguidas"; "no hay que darle la razón al indio aunque
la tenga"; "para un burro, un indio; para un indio, un
fraile"; "ya ese indio perdió el chimal"; "pa' que
sepas lo que es amar a Dios en tierra de indios"; "para el
caballero, caballo; para el mulato, mula, y para el indio,
burro"; "a barbas de indio, navaja de criollo"; "indio que
quiere ser criollo al hoyo"; "indio que va a la ciudad
vuelve criollo a su heredad".
En estos refranes, un interlocutor A habla con un interlocutor B sobre indios. Se
pueden hacer, obviamente, varios tipos de análisis
con estos refranes. Cada tipo de análisis a los que
se someta este pequeño cuerpo de refranes nos
daría una información distinta. Por ejemplo,
en ese pequeño grupo de refranes hay un solo
refrán connativo: la forma del refrán es una
interlocución: "pa' que sepas lo que es amar a Dios
en tierra de indios".
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Un sistema semiótico es un
mecanismo para producir significaciones; los refranes lo
son. De hecho el funcionamiento discursivo de un
refrán tiene una estructura emblemática que
es, ni más ni menos, que un pequeño pero
eficaz sistema semiótico. Para desmontarlo,
así sea someramente, hemos comparado su
funcionamiento original con lo que queda de él en el
sistema paremiológico mexicano contemporáneo.
De esta manera, puestos de relieve sus protagonistas
originales, y reconstruida tanto la situación que da
pie al surgimiento del refrán a la par que
descubierta la lógica que lo mueve, tenemos en el
refranero un pequeño observatorio que nos permite ver
de cerca los graves conflictos de identidad en una
nación donde cada uno de los grupos que la conforman
se van configurando penosamente a fuerza de luchas. Cuando
ese momento violento mengua y las identidades se afianzan,
el refranero conservará aún, sobre todo entre
los vencidos, los polvos de aquellos lodos reducidos a veces
a insultos, mal sabor de boca, a vulgares burlas o a simples
menosprecios, muestra, en todo caso, de que el problema de
la identidad ha dejado una huella bien visible en el que
aún puede servir de pista para desandar con ojo
avisor parte del camino.
Notas
*El presente ensayo es una
versión muy abreviada de un texto más vasto
que fue presentado en el XIV coloquio del Colegio de
Michoacán en agosto de 1992 bajo el título
"semiótica de la identidad en el refranero mexicano"
y que apareció luego publicado en Agustín
Jacinto y Alvaro Ochoa (editores), Tradición e
identidad en la cultura mexicana, Zamora, El Colegio de
Michoacán, 1995.
Véase mi libro Refrán viejo nunca miente, Zamora, El
Colegio de Michoacán, 1994.
La mayor parte de los
textos que componen los refraneros hispánicos
vienen del rico caudal paremiológico de los
refranero españoles de los siglos XVI y XVII, los
siglos de oro del refrán español; otra
parte importante viene, de una manera o de otra, de la Biblia; una tercera, de la literatura
clásica grecolatina; finalmente, un gran acervo
constituye un cuarto grupo de textos que vienen de la
paremiología universal: peregrinos que van de
cultura en cultura, moneda en curso que se bruñe
mientras pasa de mano en mano.
Véase
Concepción Teresa Alzola, Habla tradicional de
Cuba: refranero familiar, Miami, Asociación de
hispanistas de las Américas, colección
ensayos, 1987, pág. 93.
Op. cit.
Bogotá, Ediciones
Espiral Colombia, 1951.
Zaragoza, 1549.
Darío Rubio, Refranes, proverbios y dichos y dicharachos
mexicanos, ed. P. Márquez, México,
1940, 2 vols., p. XXIV.
Véase Nicola
Abagnano, Diccionario de filosofía, segunda
edición revisada y aumentada, México, FCE,
1974, p. 1068.
D. Rubio, Op.
Cit., tomo I, p. 90.
Sobre el asunto de la
desmitologización se ha escrito mucho: en el
ámbito de la desmitilogización
bíblica son célebres los trabajos de Rudolf
Bultman y las polémicas que suscitaron hasta bien
entrada la década de los setenta; otras
aportaciones vinieron del psicoanálisis como la de
Bruno Betelheim. Para el asunto que nos ocupa, puede
verse, en concreto, Vladimir Propp, Raíces
históricas del cuento, Madrid, Editorial
Fundamentos, 1979; véanse, además, los
trabajos de Georges Dumézil, para el caso, puede
verse Del mito a la novela, México, FCE,
1973.
La expresión
"refranes mestizos" puede referirse a dos cosas: a) puede
designar los refranes textualmente híbridos que,
por lo demás, abundan en el refranero mexicano;
los mecanismos de esta hibridación son varios y
forman parte de una investigación en proceso: se
trata de un tipo de mestizaje paremiológico en el
que el refrán mexicano conserva ciertos elementos
de un antepasado español --generalmente la
estructura-- y los adapta, combina o aplica a la realidad
mexicana. b) En este texto, a no ser que se diga otra
cosa, usaremos la expresión "refranes mestizos"
como sinónima de "refranes de mestizos" y designa,
como el nombre lo indica, los refranes que expresan el
punto de vista de los mestizos.
Véase nuestro
estudio "La comida en el refranero mexicano: un estudio
contrastivo" en Janet Long (compiladora), Simposio
1492: encuentro entre dos comidas, UNAM, Instituto de
Investigaciones Históricas, en prensa.
Op. Cit., tomo I,
p. 32.
Herón Pérez
Martínez
El Colegio de Michoacán
Martinez de Navarrete 505
Esquina con Avenida del Arbol
59690 Zamora
Michoacan