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CUANDO te sentares á comer con algún
señor, Considera bien lo que estuviere delante de ti;
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Y pon cuchillo á tu garganta, Si tienes gran apetito.
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No codicies sus manjares delicados, Porque es pan engañoso
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No trabajes por ser rico; Pon coto á tu prudencia.
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¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas?
Porque hacerse han alas, Como alas de águila, y volarán al
cielo.
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No comas pan de hombre de mal ojo, Ni codicies sus manjares:
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Porque cual es su pensamiento en su alma, tal es él. Come y bebe, te
dirá; Mas su corazón no está contigo.
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Vomitarás la parte que tú comiste, Y perderás tus
suaves palabras.
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No hables á oídos del necio; Porque
menospreciará la prudencia de tus razones.
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No traspases el término antiguo, Ni entres en la
heredad de los huérfanos:
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Porque el defensor de ellos es el Fuerte, El cual juzgará la causa
de ellos contra ti.
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Aplica tu corazón á la enseñanza, Y tus
oídos á las palabras de sabiduría.
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No rehuses la corrección del muchacho: Porque si lo hirieres con
vara, no morirá.
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Tú lo herirás con vara, Y librarás su alma del
infierno.
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Hijo mío, si tu corazón fuere sabio, También á
mí se me alegrará el corazón;
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Mis entrañas también se alegrarán, Cuando tus labios
hablaren cosas rectas.
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No tenga tu corazón envidia de los pecadores, Antes persevera en el temor de Jehová todo tiempo:
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Porque ciertamente hay fin, Y tu esperanza no será cortada.
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Oye tú, hijo mío, y sé sabio, Y endereza tu corazón al camino.
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No estés con los bebedores de vino, Ni con los comedores de carne:
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Porque el bebedor y el comilón empobrecerán: Y el sueño hará vestir vestidos rotos.
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Oye á tu padre, á aquel que te engendró; Y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies.
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Compra la verdad, y no la vendas; La sabiduría, la enseñanza, y la inteligencia.
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Mucho se alegrará el padre del justo: Y el que engendró sabio
se gozará con él.
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Alégrense tu padre y tu madre, Y gócese la que te engendró.
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Dame, hijo mío, tu corazón, Y miren tus ojos por mis caminos.
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Porque sima profunda es la ramera, Y pozo angosto la extraña.
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También ella, como robador, acecha, Y multiplica entre los hombres los prevaricadores.
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¿Para quién será el ay?
¿para quién el ay? ¿para quién las
rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿para
quién las heridas en balde? ¿Para quién lo
amoratado de los ojos?
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Para los que se detienen mucho en el vino, Para los que van buscando la mistura.
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No mires al vino cuando rojea, Cuando resplandece su color en el vaso: Entrase suavemente;
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Mas al fin como serpiente morderá, Y como basilisco dará
dolor:
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Tus ojos mirarán las extrañas, Y tu corazón
hablará perversidades.
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Y serás como el que yace en medio de la mar, O como el que está en la punta de un mastelero.
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Y dirás: Hiriéronme, mas no me dolió; Azotáronme, mas no lo sentí; Cuando despertare, aun lo tornaré á buscar.